ECONOMÍA RACIONAL - EL HALLESISMO- Ing. Nicolás MANETTI CUSA

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    ESTATUTO DE LA FUNDACIÓN UNIVERSAL HALLESINT

Art. 1º OBJETO y FUNCIONES. La Fundación Universal Hallesint tiene por objeto alcanzar el equilibrio económico mundial, y a la vez, elevar indefinidamente, el nivel de vida de la Humanidad.

La Fundación basa su fuerza en el egoísmo humano.

El medio técnico que adoptará la Fundación para desempeñar su actividad, será la unificación mundial de las relaciones económicas, dando la prioridad a la unificación monetaria y luego a la unificación mercantil, que será su obvio y necesario complemento.

La acción de la Fundación consistirá en:

A) Ofrecer, sin coacción, símbolos de transferencia del valor en el espacio y en el tiempo, expresados en moneda mundial para realizar cada operación de intercambio, cuyas partes interesadas reconozcan su recíproca conveniencia.

B) Hacer converger hacia el mercado mundial unificado a la vez que descentralizado, en su funcionamiento, toda oferta y demanda de bienes y servicios, presentes y futuros.

C) Favorecer sin límite el desarrollo paralelo de la producción y el consumo, dinamizando la actual Economía y compensando las llamadas sobreproducciones, con el incremento de las demás ramas productivas, provocando en el mundo una creciente prosperidad.

Comentario:

El nombre de Fundación Universal, indica la naturaleza de una entidad perenne, que no es de propiedad de unos hombres o de algunas naciones, sino de todos los individuos de cualquier nación o continente.

El nombre Hallesint deriva de "Halles" y de "Int".

Los Halles son los mercados de París, cuya organización sugirió al genovés Agostino M. Trucco, la idea de la Fundación. Int, es la parte inicial de la palabra internacionales.

El equilibrio económico mundial, como lo demuestra la Economía Racional, solamente se puede alcanzar por medio de un mercado total de los bienes y servicios, presentes y futuros, concretamente ofrecidos y pedidos.

Este mercado mundial requiere, ante todo, un medio de cambio, es decir, una moneda mundial que hoy no existe, ni se cree posible que pueda existir.

La Fundación no sólo ofrece la moneda mundial, sino que organiza el mercado total, en el cual todas las naciones pueden participar libremente, y más ventajosamente cuando se produzca la inevitable adhesión de todas.

El objeto de elevar indefinidamente el nivel de vida de la humanidad, es también la aspiración teórica de todos los pueblos y gobiernos. Sin embargo aprovechando el maravilloso progreso técnico, hoy todos se preocupan solamente de elevar el propio nivel de vida, y no el de la humanidad.

La explicación de este hecho real e indudable en la que todos concuerdan es de naturaleza moral, afirmando que la Humanidad hoy ha empeorado moralmente, y que la solución del problema económico que hoy la aflije ¡se podrá realizar solamente por medio del progreso espiritual de los pueblos!

La posteridad se reirá de esta equivocación.

La verdad está encerrada en el hecho de que, frente al progreso técnico arrollador, la economía no ha progresado adecuadamente, de manera que los dones de la técnica son gozados hoy exclusivamente por minorías de individuos, clases y naciones.

Por lo tanto, se ha creado un problema social que antes existía, también, pero era más tolerable, mientras hoy se torna imponente y amenazador.

El equilibrio económico que logra alcanzar la Fundación, solucionará este problema, como vamos a ver, ofreciendo a todos la elevación del nivel de vida de toda la Humanidad, amortiguando y suavizando indefinidamente las desigualdades y las injusticias.

La característica de la Fundación de actuar por medio del egoísmo humano, demuestra, ante todo, la diferencia entre la Fundación, que ofrece su plan, y todos los otros planes, que creen solucionar el abrumador problema económico actual… ya por medio de la presión coercitiva de las dictaduras políticas ¡ya por medio de las guerras de liberación!

Nada objetable resulta la adopción del egoísmo como fuerza social, porque se le ha tomado como palanca que volcará al mundo hacia la era del progreso y el bien general, ya que en verdad, el egoísmo es la fuerza más activa de la humanidad.

¡Egoísmo! ¡Autoridad más poderosa, universal e irresistible que cualquier ley! ¡Fuerza impulsora siempre lista y vigilante, que no distingue al hombre civilizado del salvaje, al sabio del ignorante, al viejo del niño, al hombre de la mujer, y a todos acompaña desde la cuna al ataúd, y a todos mantiene en perpetua esclavitud!

Toda la vida social está por completo envuelta en la trama del egoísmo, y las acciones de altruismo y caridad, brillan justamente por el contraste.

Todos los seres que nos acompañan en la vida, y nos ayudan a nacer, nos cuidan, nos instruyen, nos sirven, nos defienden, etcétera, lo hacen siempre por una compensación.

Y recíprocamente, si podemos dar compensaciones adecuadas, casi nada se sustrae a nuestra codicia.

La naturaleza misma, que quiere la conservación de los individuos y de las especies, nos domina a voluntad creando en nosotros el hambre y el deseo sexual, cuya esencia egoísta es evidente.

La Fundación actúa con procedimiento egoísta, imponiendo su organización a todo el mundo, no por medio de fuerza política o militar, que no posee, sino ofreciendo su intervención bajo la forma de ventajas imponentes, inmediatas y evidentes, que el egoísmo humano no puede rehusar.

El egoísmo considerado como fuente de propia defensa y progreso, es un derecho sagrado del individuo. Sin embargo el egoísmo no es sólo una característica del individuo –hombre, animal, planta- si no que también de las agrupaciones de individuos: familias, gremios, pueblos, razas, religiones, humanidad.

El egoísmo de los individuos puede llegar hasta el delito, no obstante, el de las familias, a veces, no resulta menos encarnizado; el de las naciones llega a la guerra y el de las religiones a la tortura de los herejes; el de las razas llega a la persecución de pueblos enteros, mientras el de la humanidad no se ha demostrado todavía, en la espera de la llegada de los marcianos.

Sin embargo, desde ahora se entrevé adonde podrá llegar, puesto que los hombres, frente a los otros animales, demuestran ya su "ternura" no sólo en los mataderos, sino hasta en la caza cruel de pájaros y animales indefensos con tal de conseguir plumas y pieles para adorno de las mujeres o por mero esparcimiento.

Cuando el egoísmo se irradia desde un individuo hacia los demás, se ennoblece. En efecto: aprobamos a los buenos padres, admiramos a los "líderes", exaltamos a los héroes, honramos a los defensores de la raza, veneramos a los mártires, y adornamos a El que muere por la humanidad.

La predicación o la coerción han sido en todo tiempo dirigidas hacia la renuncia, aunque sea parcial, del egoísmo humano hacia el egoísmo colectivo.

La civilización sin duda ha hecho progresar al hombre, impulsándolo hacia la colectividad. Hoy lo impulsa hacia la colectividad suprema que es el Estado: sin embargo empieza pidiendo una renuncia, no ofreciendo una permuta, es decir: pide una pérdida segura individual, en cambio de una ganancia eventual colectiva, que a su vez tendría que traducirse, en fin, en una ganancia mayor que la paridad individual inicial.

La Fundación actúa en forma muy diferente de la predicación y de la coerción, porque respeta y exalta el egoísmo individual, sin prometer recompensas futuras, y aún menos en el más allá; y sin embargo, al mismo tiempo, sin violentarlo nunca, encauza al egoísmo individual hacia el egoísmo colectivo de la humanidad.

El medio técnico de la Fundación será la Unificación.

La Unificación, como ilustra la Economía Racional, es el procedimiento económico fundamental, que la Humanidad ha adoptado y adopta para desarrollarse en todas sus actividades: en cada rama de la ciencia, de la técnica y de la vida social.

A cada unificación corresponde un símbolo, y el manejo de los símbolos –las palabras, los números y las monedas son ejemplos muy conocidos- simplifica y reduce nuestro trabajo, haciéndonos posible el lograr éxitos que sería imposible alcanzar sin ellos.

La moneda que unifica el Valor, tuvo origen en la civilización misma, y las monedas tienen hoy un rol muy esencial en la vida nacional.

También la unificación mercantil, con los mercados, la merceología y los códigos de comercio, tienen un notable desarrollo en cada nación.

Sin embargo estas unificaciones, que ya adolecen de muchas fallas en su actuación nacional, resultan aún más imperfectas en su actuación internacional, provocando separaciones, contrastes, competencias, rivalidades, enconos, enemistades y conflictos entre las naciones.

Todos los pueblos, a través del tiempo, aspiran y sueñan aún con evitar tantos males; y esa eterna aspiración muy hermosa en el campo teórico, pero, según todos, irrealizable en la práctica, la ha hecho realidad inmediata la Fundación Hallesint con su ofrecimiento de la unificación del valor y de su transferencia en el especio y en el tiempo.

La Fundación, ante todo, ofrece sus símbolos de transformación del valor en el espacio y en el tiempo.

Esta oferta no entorpece ni estorba en nada los derechos de los Estados o el poder de los gobiernos, que no sólo pueden, sin ninguna limitación continuar emitiendo sus monedas y sus títulos, y editando sus leyes como antes, sino que pueden aprovechar más que nadie, las ventajas que los nuevos símbolos les ofrecen.

Hoy, ni los ciudadanos, ni siquiera los gobiernos pueden comprar donde quieren, ni pagar con bienes futuros, ni tampoco pueden, libremente, establecer trueques en el mundo, lo que económicamente es monstruoso.

La Fundación con sus símbolos eliminará, ante todo y como veremos, el absurdo de esta imposibilidad, y hará realizables todas las operaciones de intercambio que los individuos y los gobiernos quieran efectuar entre sí.

Si embargo, no basta dar la posibilidad del intercambio para llegar al mercado mundial.

Se necesita hacer conocer todas las ofertas del mundo a cada comprador, y todos los pedidos, a cada vendedor.

Es decir, se necesita un mercado que presente en forma unificada y comparativa, todas las ofertas y todos los pedidos de cualquier procedencia.

Los Gobiernos podrán impedir o favorecer la realización del intercambio a su albedrío, pero la Economía Racional demuestra que, por el contrario, por lógica conveniencia, se apresurarán a facilitar todos los cambios, excepto los que representen un peligro moral, higiénico o social, para la nación respectiva.

La Fundación realiza este mercado mundial, no sólo ofreciendo sus símbolos –art.5- sino actuando directamente –art.7- con su organización mercantil, instituyendo mercados Hallesint y funcionarios Hallesint unificados en todo el mundo y ligados por una red de intereses convergentes.

Hoy el comercio es competencia y lucha, cuyos gastos no están a cargo de los comerciantes, sino de los productores y de los consumidores.

Eso vale decir que la situación actual eleva notablemente el costo de la operación de cambio, y por lo tanto, impide el mayor desarrollo de los cambios en el mundo, estrangulando los mercados y obstaculizando el aumento de la producción.

La Fundación, provocando la intensificación del intercambio mundial, por medio de sus símbolos, de sus mercados, y de sus funcionarios, acerca entre sí al productor y al consumidor, y no sólo facilita la mejor elección, sino que reduce notablemente el costo de la operación de cambio.

Esto sólo bastaría para demostrar el alcance económico, de fomento, de la Fundación.

Sin embargo, estos beneficios son altamente superados por la transformación de la actual economía estática en economía dinámica, debido exclusivamente a la Fundación.

Hoy se encuentran naciones hambrientas y naciones donde la producción es exuberante. Las primeras preparan un movimiento mundial de insurrección, porque quieren importar, aunque pudiendo exportar muy poco hoy.

Las segundas buscan espacios vitales a donde poder exportar, pero muy poco pueden importar, pues los precios del exterior son muy elevados, debido a su escaso desarrollo.

El defecto de las balanzas de pago no se puede hoy compensar en forma económica, y la compensación toma forma de contraparte política, causa de hegemonía y esclavitud económica.

La Fundación soluciona el problema, como vamos a ver, realizando el cambio de los bienes presentes con los bienes futuros.

Por lo tanto, se podrán vender las sobreproducciones a los países que carecen de ellas, para su desarrollo, y que pagarán con producciones futuras, transformando el mal de una producción que parecía excesiva y casi peligrosa, en un medio de mayor producción y de creciente prosperidad mundial.

La Economía Dinámica ofrecida por la Fundación; enriquece a la humanidad, llevando al mercado mundial los recursos futuros que la actual economía estática no alcanza a aprovechar.

Art. 2 – ESTRUCTURAS Y SEDE. La Fundación es una Entidad jurídica autónoma mundial, que en calidad de Intermediario-Contrayente, puede operar en todo orden de operaciones de intercambio.

La Fundación estará dirigida por un Consejo General, que se reunirá en Roma, donde la sede de la Fundación tendrá privilegio de extraterritorialidad.

Si Italia no aceptara, el Consejo elegirá otra ciudad.

Todo gobierno que adhiera a la Fundación, designará un delegado Titular y un Suplente. La totalidad de los primeros y de los segundos, en lo que les corresponde, constituirá el Consejo General.

El Consejo General redactará su propio Estatuto Interno en la forma que estime conveniente, excepto en lo siguiente:

El Consejo General elegirá de entre sus miembros, un presidente, dos vicepresidentes y cinco vocales.

Todos ellos constituirán el Consejo Ejecutivo de la Sede Central, con facultades para ejercer la administración ordinaria.

El Consejo General se reunirá una vez al año, para aprobar el balance anual, y también cada vez que la cuarta parte de los delegados lo solicite.

Las resoluciones del Consejo General y del Consejo Ejecutivo de la sede central se tomarán por mayoría.

En caso de empate, decidirá el voto del presidente.

El presente estatuto se puede modificar en cualquier momento con la adhesión total de todas las Naciones.

Sin adhesión total no se puede modificar antes de un año desde la presentación de la propuesta firmada por la mayoría y tiene que ser aprobado por más del 80% de las Naciones adheridas.

Comentario:

La Fundación es propiedad de todos los individuos vivientes y actúa también por cuenta de los venideros; sin embargo, no tiene voluntad propia y su acciones la de un intermediario que al mismo tiempo es contrayente, porque representa frente a cada nación, el conjunto de todas las otras naciones.

Jurídicamente se puede asemejar a una Mutual de Seguros y también a la Unión Postal Universal. En cambio, no se la puede asemejar a la U.N. o al Fondo Monetario, porque estas instituciones actúan con autoridad sobre los asociados desidentes, y no como intermediarios entre los asociados.

La Fundación tendrá su sede en Roma, donde nació el movimiento.

Se trata de una afirmación de naturaleza puramente moral, histórica o afectiva, pues el Consejo General no tiene poderes discrecionales.

Análogamente, la sede central de la Unión Postal Universal está en Berna, sin que por eso Suiza disfrute de ningún privilegio, ni las otras naciones resulten disminuidas por ello.

Si la primera nación adherente no fuera Italia, la Fundación tendrá su sede en la Nación que el Consejo General elegirá.

El privilegio de extraterritorialidad es simbólico, y además no tiene nada de excepcional, pues en el campo diplomático es un privilegio muy normal.

Art. 3 – PATRIMONIO DE LA FUNDACIÓN. El patrimonio de la Fundación está constituido esencialmente por la Economía Racional, expuesta en toda la literatura Hallesint, y concretada en el presente Estatuto.

Este patrimonio intelectual es hoy propiedad del Instituto para la renovación económica, establecido en Roma, con fecha 11 de julio de 1924, por escritura pública ante la Escribanía Giuliani.

La Fundación obtendrá por derecho propio la transferencia de dicho patrimonio, en el momento de su legal constitución, en conformidad a dicha escritura.

La Fundación dispondrá de un Fondo de Dotación suficiente para constituirse legalmente y hacer frente a los primeros gastos de la Sede Central.

Los Estados, que adelanten el Fondo de Dotación, obtendrán su reembolso, con una recompensa adecuada, en diez anualidades.

Comentario:

Puede parecer muy extraño que la entidad que se propone desarrollar la economía mundial, no tenga un patrimonio material. Esta es, en cambio, la prueba de su poder: ésta es la característica de las ideas revolucionarias.

Los más grandes descubrimientos en el campo de la ciencia se reducen a una fórmula matemática o química; en el campo de la técnica a un procedimiento; en el campo de la medicina, a una receta.

En el campo de la economía hasta ahora todas han actuado en forma empírica, y, por ejemplo, en la constitución del fondo monetario y del Banco Mundial han creído lograr éxito con la suscripción de un Capital ¡superior al de cualquier otra entidad financiera! ¡El fracaso no ha sido, por eso menor!

La Fundación tiene que hacer frente a gastos iniciales, y, por eso, toma en préstamo las sumas necesarias, pidiéndolas a las naciones adheridas, y reembolsándolas en diez anualidades, además de una prima adecuada.

Este Fondo de Dotación tendrá un valor muy reducido, siendo destinado solamente a gastos generales de la sede central, sin referencia alguna a la magnitud de las operaciones financieras de la Fundación.

Art. 4 – CONVENCIONES NACIONALES. La Fundación, aún actuando dentro de las leyes vigentes de las diferentes naciones, antes de iniciar su actividad en cada país, estipulará, con los respectivos gobiernos, convenios iguales para todas las naciones.

Se establece que cada gobierno adherente:

A) Seguirá legislando también en el campo económico y monetario en la forma que estime más conveniente, de manera absolutamente libre, sin necesidad ni siquiera de consultar a nadie.

B) Reconocerá la personalidad jurídica de la Fundación definida por el presente Estatuto, eximiéndola, en su territorio, de cualquier gravamen fiscal directo o indirecto y otorgándole la más amplia franquicia posta y telegráfica.

C) Instituirá en su territorio su propia Sede Nacional Hallesint, absolutamente autónoma que actuará, en conformidad del presente Estatuto, por cuenta de la Fundación sin exigir la menor responsabilidad de los gobiernos.

D) Cobrará su cuota de las utilidades, que en el campo financiero y mercantil realizará la Fundación, además de congruas reservas.

Las cuotas serán proporcionales a los réditos netos que en cada nación la Fundación haya obtenido.

Estas utilidades quedan a completa disposición de los gobiernos respectivos, que tendrán sólo el deber de cobrarlas bajo el rubro: Hacienda de la Pobreza.

Comentario:

Los convenios que la Fundación establece con cada nación son de tipo unificado, y no contienen cláusulas que estén en contraste con las leyes vigentes en las naciones civilizadas.

Nadie ha propuesto nunca planes económicos que no necesiten nuevas leyes, compromisos, renuncias, garantías, etc. La Fundación, en cambio, no interviene absolutamente para nada en la legislación de las naciones adherentes. Sin embargo, puesto que muchas leyes son consecuencia de las dificultades económicas actuales, que la Fundación logra superar, eliminar o solucionar, es previsible que espontáneamente, en seguida o después de breve tiempo, algunas leyes de las naciones adheridas tendrán que eliminarse, reducirse o suavizarse, justamente por efecto de la favorable actividad de la Fundación.

No hay duda de que todas las naciones firmarán los respectivos convenios, que contienen ventajas sin peligros, y ganancias sin gastos para nadie.

Se puede objetar que la adhesión de una nación a la Fundación pudiera obligar indirectamente a la nación a modificar sus leyes.

La objeción merece consideración.

Pero ¿a qué leyes tenemos que referirnos?

¿A las leyes sobre las importaciones y las exportaciones, a los aranceles aduaneros, etcétera? ¡No! Porque la Fundación facilita las exportaciones y las importaciones pero respeta todas las iniciativas, aunque sean equivocadas, de los gobiernos, y no interviene ni siquiera con sugerencias en este asunto.

¿A las leyes sobre religión, los judíos, la venta de los alcoholes, las escuelas, las huelgas, etcétera? ¡No, tampoco!

Se tratará, por lo tanto, sólo de leyes monetarias,. No de las internas, pues los gobiernos pueden hacer a su gusto, inflación o deflación, puede adoptar el talón oro, el bimetalismo, el respaldo monetario, o rehusarlos, etc., sin que la Fundación se preocupe en absoluto por nada de eso.

Por lo tanto, se tratará sólo de las relaciones entre la moneda nacional y las extranjeras. Pero, dentro de este campo ¿qué persiguen los gobiernos con sus intervenciones?

Los gobiernos, cuando están preocupados por la necesidad de comprar en el exterior lo que necesita su país, quieren conseguir divisas extranjeras en la mayor cantidad posible, y nada más.

Ahora bien: la Fundación ofrece, como vamos a demostrarlo, en medida superior a la esperanza de cualquier gobierno, estas divisas, y por lo tanto la Fundación prevé, pero no manda, una sola modificación de todas estas leyes sobre las divisas: ¡su abolición!

No es la Fundación la que ordena, repetimos, sino los gobiernos los que lo resuelven así, al convencerse de que obtienen más de lo que buscaban.

El reconocimiento de la personalidad jurídica de la Fundación por parte de los Estados, es consecuencia necesaria del convenio.

La exención de cualquier gravamen fiscal es también consecuencia del convenio, pues la Fundación restituye a cada nación, las utilidades anuales obtenidas por la misma nación. En efecto, está claro que si la Fundación paga gravámenes, éstos disminuirán en igual cantidad los ingresos de las naciones, obligando a la Entidad a un doble y prolijo control de entradas y salidas que podrá evitarse fácilmente, concediendo la más completa exención fiscal.

Cada nación adherida tendrá el derecho absoluto, sin cargar con responsabilidad, de la constitución de su sede nacional, que jurídicamente es la representante de la Fundación, y no es un órgano del Estado.

Las relaciones entre la sede nacional y el Estado, por lo tanto, resultan muy simples dentro de cada nación. La sede nacional es creada y vigilada por el Estado, mientras que su actuación corre por cuenta de la Fundación, sin que en ningún caso ocasione gastos, riesgos, peligros ni responsabilidades al Estado.

En cambio, las utilidades de cada sede nacional, no pudiendo ser cobradas por la Fundación, que nada posee y nada quiere poseer, son devueltas a las naciones respectivas, en base a la consideración siguiente.

El mecanismo de la Fundación es completamente automático, y por lo tanto, las utilidades no tienen ninguna justificación.

Ellas son de naturaleza parasitaria, y derivan de los ingresos, que, como es claro, han sido pagados en medida excesiva. Estos ingresos, como veremos, están constituidos esencialmente por intereses pagados por los Empresarios en cada nación.

La Economía Racional demuestra que el interés, en su mayor parte, representa la compensación de la devaluación de todas las monedas –Invariado Monetario-. Ahora bien: puesto que las sedes nacionales, al hacer el cálculo de las utilidades, descuentan las pérdidas debidas a la devaluación, en sus inversiones si hay residuos activos –ganancias, utilidades- éstas representan, por supuesto, un ingreso no merecido, y que ha sido quitado a alguien.

La Economía Racional demuestra también que las víctimas que parecían ser los empresarios, por haber pagado los intereses, son en realidad los trabajadores.

La Fundación dispone por lo tanto, la devolución a esos trabajadores de lo que les había quitado, en forma no sólo injusta, sino también antieconómica.

En efecto: la Economía Racional demuestra que el interés elevado, quitado a los trabajadores, ahoga también a la Empresa, reduciendo aún más la demanda de trabajo y produciendo la desocupación, o mejor dicho, la mala ocupación más insidiosa, por ser la causa fundamental de la pobreza.

Eso justifica la cláusula que impone a los Estados cobrar, bajo la denominación de Hacienda de la pobreza, las utilidades de la Fundación.

Art. 5- SÍMBOLOS HALLESINT. La Fundación, por medio de las sedes nacionales, vende y reembolsa al público, en forma permanente y continua, sin límite, dos símbolos al portador: los cheques para el desplazamiento de los valores en el espacio, y los bonos, para el desplazamiento en el tiempo.

Los cheques y los bonos son emitidos en sumas múltiples de 1.000 unidades de la moneda de cuenta Hallis.

Los cheques son vendidos contra entrega de moneda nacional calculando el Hallis al cambio del día, además de una pequeña tasa de registración.

Los cheques son reembolsados en cualquier Sede Nacional, en la moneda nacional respectiva, a la vista –excepto aviso previo por sumas ingentes- por su valor nominal, calculando el Hallis al cambio del día.

Los bonos son vendidos contra entrega de moneda nacional, al precio que será establecido como se indica a continuación, y calculando el Hallis al cambio del día, además de una pequeña tasa de registración.

Los bonos son reembolsados en la misma Sede Nacional que los ha emitido, en la moneda nacional respectiva, a la vista, -excepto aviso previo por sumas ingentes- al precio establecido, como se indica a continuación y calculando el Hallis al cambio del día.

El precio de venta o reembolso de los bonos es igual, pero creciente a partir de su valor nominal inicial de 1.000 Hallis.

Cada Sede Nacional fijará y modificará, en concepto de interés, la tasa de aumento del precio de los bonos, por cuenta propia y a su arbitrio, sin convenios previos con las otras Sedes Nacionales, ni con la Sede Central.

Cada Sede Nacional invierte, de conformidad a su criterio y en plena libertad, el dinero cobrado por la venta de los Símbolos Hallesint –además de las reservas que fijará a voluntad-.

Esta inversión tiene una sola limitación: que sean comprados títulos de Empresas Nacionales al precio de Bolsa, pero no más del 30% de cada serie emitida.

Los títulos así adquiridos no podrán venderse nunca, y en su conjunto constituyen el patrimonio de garantía de los Símbolos Hallesint.

La Sede Central tendrá a su cargo la impresión, registración y control de los Símbolos Hallesint, aprovechando todo progreso técnico, a fin de precaverse contra falsificaciones.

Los Símbolos impresos y registrados serán puestos a disposición de las Sedes Nacionales con las normas siguientes:

Cada Sede Nacional puede pedir a la Sede Central la cantidad de cheques que quiera, hasta el valor global de sus exportaciones del año anterior.

Cada Sede Nacional puede pedir cualquier cantidad de bonos sin limitación.

Sucesivamente cada Sede Nacional puede obtener una cantidad de cheques cada vez mayor, al comprobarse los correspondientes aumentos en el valor de sus exportaciones.

Dicho aumento será controlado por una delegación de la Sede Central.

Las Sedes Nacionales pueden permutar entre sí cheques y bonos, sin límite, según su valor en Hallis.

Comentario:

La Fundación, como un Banco cualquiera y como el servicio postal de giros y ahorro, vende y reembolsa símbolos que reemplazan los valores monetarios en el espacio y en el tiempo.

Sin embargo, hay muchas diferencias, y dos, en particular, son terminantes:

La primera consiste en la circulación mundial de los Símbolos Hallesint, en lugar de la circulación nacional de cualquier otro símbolo.

La segunda consiste en la garantía real que tienen los Símbolos Hallesint; garantía que está en poder de las mismas Sedes Nacionales, mientras que los Bancos y también el Estado tienen el derecho, casi ilimitado, de administrar el dinero cobrado sin dar justificaciones adecuadas.

Los Símbolos Hallesint, son emitidos en moneda Hallis, que es la moneda que unifica la economía mundial, y que después de su fijación inicial, se elevará sobre el complejo de todas las monedas del mundo.

Su naturaleza y alcance son ilustrados por toda la Economía Racional, cuyas conclusiones se concretan en este Estatuto –art.6-.

Los cheques a circulación mundial, representan materialmente, sin coacción, la moneda mundial, por ser aceptados y reembolsados en moneda nacional por las Sedes Nacionales, y mantener inalterado su poder de compra.

Su posibilidad de reembolso es consecuencia del hecho de que además de las ventas diarias, que pueden compensar y superar los reembolsos, cualquier Banco aceptará estos cheques que tienen completa garantía real en títulos nacionales; y aun cuando una Sede Nacional cerrara sus ventanillas, los cheques serían reembolsados en todas las otras.

La tasa de registración de los cheques, como la de los bonos, será calculada en medida adecuada para compensar los gastos de ejercicio de la Sede Nacional.

Los bonos son muy semejantes a los depósitos de cuenta corriente que aceptan los Bancos.

En efecto, ya los bonos Hallesint, ya los depósitos de cuenta corriente son reembolsables por las mismas entidades que los han emitido, y todos restituyen más de lo que habían recibido inicialmente –interés-.

En los bonos el interés no se cobra por separado, sino que queda englobado en el precio de venta y reembolso, lo que sustancialmente es lo mismo.

Por eso el precio de los bonos es creciente, y el aumento es fijado por cada Sede Nacional en la medida oportuna para alcanzar la circulación deseada. En forma muy semejante actúan los bancos que, para atraer el ahorro, modifican de tiempo en tiempo la tasa de interés.

Por otro lado hay diferencias entre los bonos Hallesint y los depósitos de cuenta corriente de los Bancos.

En primer lugar, los portadores de los bonos no corren el peligro de la devaluación monetaria, peligro al que están abocados de continuo los portadores de cualquier título de cualquier nación. Los bonos son expresados en moneda Hallis, que tiene valor constante.

En segundo lugar, los portadores de los bonos Hallesint, tienen una garantía real –valores de los títulos y de los intereses acumulados- que están continuamente bajo el control, no sólo del Estado, sino del pueblo, más aún, de todos los pueblos.

Por estas razones la tasa de interés de los bonos será más reducida que la tasa de interés normal y tendrá que bajar cada vez más en el tiempo, respecto a las tasas de interés que otorgan los Bancos.

La Economía Racional, como ya hemos recordado, justifica el interés como compensación de la devaluación, y, a su vez, la devaluación como compensación del interés –invariado monetario-. Por lo tanto, siendo nula la devaluación de la moneda Hallis, ningún interés pertenecería a los portadores de bonos. Sin embargo, las Sedes Nacionales de las naciones importadoras, para encontrar compradores entre los ahorristas, en el exterior, tendrán que fijar adecuadas tasas de interés, bajo la forma de aumento en el tiempo del precio de sus bonos, aún cuando sea muy reducido.

Las Sedes Nacionales invierten el dinero cobrado por la venta de los cheques y bonos, en títulos de empresas nacionales.

La compra de los títulos es confiada a cada Sede Nacional por razones de oportunidad. En efecto, nadie puede hacer esta elección mejor que la Sede Nacional que conoce su mercado y que por sobre todo está interesada en hacer las mejores inversiones, pues las utilidades son cobradas por la Sede misma.

La limitación hasta el 30% de cada emisión tiene el objeto de evitar a la Sede Nacional el cargo y la responsabilidad que corresponde a la mayoría accionaria (70%). Por otro lado, el hecho de estar en minoría (30%) no otorga derechos en la administración, es verdad, pero en nuestro caso hay una compensación, que ninguna minoría ha poseído, nunca.

En efecto, todas las entidades nacionales, que emiten títulos, piensan siempre en la posibilidad de nuevas emisiones, y en nuestro caso tienen la esperanza de que la Sede Nacional compre hasta el 30% de las nuevas series. Por lo tanto, estas entidades están, no por derecho, sino de hecho, bajo el severo control de la Sede Nacional, y tendrán que justificar al público su impecable administración.

Todo eso constituye un control moral de indudable importancia económica y social.

Los títulos no se pueden vender nunca, excepto el caso de quiebra de la Sede Nacional, para asegurar la invulnerabilidad del patrimonio de garantía.

La disponibilidad de símbolos Hallesint, de parte de cada Sede Nacional, se puede considerar casi ilimitada, del mismo modo que se puede considerar casi limitada la facultad de emitir cheques, giros y estampillas de correo cuando se recibe el importe correspondiente.

En el caso de la Fundación, por su novedad, alguien podría sospechar que sus símbolos pudieran producir inflación.

¡Nada es más erróneo! ¡Ni un solo símbolo Hallesint produce inflación!

A cada masa de símbolos Hallesint vendidos corresponde una masa de títulos nacionales, adquiridos con el dinero cobrado por la venta de los mismos símbolos; y, por lo tanto, al final, los símbolos aparecen nada más que como recibos de los títulos: y ¡los recibos no producen inflación!

La venta de los símbolos Hallesint tendrá una limitación de naturaleza económica, correspondiente a la limitada rapidez del desarrollo, que cada nación podría realizar, con sus recursos presentes y futuros, y que no ha realizado hasta ahora, por falta de circulación del mercado mundial.

Sin embargo, el estatuto fija una limitación a los cheques, que la Sede Central concede en venta a las Sedes Nacionales y precisamente, estos cheques no pueden superar el valor de las exportaciones del año anterior de la respectiva nación. He aquí la explicación.

Esta limitación no tiene importancia para las naciones exportadoras cuyas exportaciones superan las importaciones, pues estas naciones no pedirán cheques Hallesint a la Sede Central, siendo exuberantes los que llegan a ellas, en concepto de pago del exceso de sus exportaciones.

En cambio las naciones importadoras pedirán cheques a la Sede Central, la cual podrá considerar todas las exportaciones actuales de dichas naciones como un esfuerzo, que cada nación hace para poder importar del exterior, en compensación, lo que ella necesita.

Para solucionar esto, la Sede Central pondrá a disposición de cada nación una masa de cheques de valor igual al valor de las exportaciones del año anterior.

La respectiva nación, por lo tanto, durante el primer año, no tendrá más necesidad de exportar con sacrificio, para lograr las divisas del exterior.

En realidad, ninguna Sede Nacional aprovechará ni el primer año, ni nunca, toda la disponibilidad de los cheques, que la Sede Central pone a su disposición.

No lo hará por dos razones: ante todo, porque una venta excesiva o rápida de cheques en una Sede Nacional demostraría que el valor fijado por el Hallis en aquella Sede Nacional estaría equivocado, es decir, demasiado bajo; y además porque cada Sede Nacional tiene que guardar una notable cantidad de cheques Hallesint como reserva por pedidos imprevistos, lo mismo que hace cualquier banco o caja de ahorro.

Las naciones, adheridas a la Fundación, podrán por eso importar más que antes, aún cuando sus exportaciones sean más reducidas que antes.

Pero, aquí se nos presenta algo sorpresivo.

¿Las exportaciones serán más reducidas que antes?

Observemos, en seguida, que todas las naciones, ya por sus exportaciones, ya por haberlos recibido de la Sede Central, tendrán más cheques que antes y, por lo tanto, podrán importar más. ¿Y cómo podrán importar más si las otras naciones exportarán menos? Claro está que todas no sólo importarán más, sino que todas exportarán más que antes, no por urgencia impositiva, sino pro conveniencia propia.

La Fundación, como se ve, consigue el éxito de aumentar el comercio internacional y además el otro éxito, no menos importante, de evitar que las naciones importadoras –pobres- estén obligadas a vender en cualquier forma, para conseguir divisas, necesarias para comprar lo que necesitan del exterior.

Eso significa el fin de una muy grave injusticia internacional.

La cantidad de bonos concedidos por la Sede Central a las Sedes Nacionales según el estatuto, no tiene limitación. En cambio, tiene una limitación automática, porque las Sedes Nacionales no pueden adquirir más que el 30% de cada serie de los títulos de la nación respectiva, mientras tienen que invertir en dichos títulos sus disponibilidades líquidas.

No hay limitación si los bonos tienen, como garantía bonos de otras Sedes Nacionales porque éstos, a su vez, son garantizados.

La Fundación, por medio de los bonos, realiza el financiamiento, aunque sea parcial de las nuevas empresas que cada nación quiere estimular.

Analicemos esta operación financiera.

Consideremos dos naciones en lugar de todas, identificándolas como si ellas fueran Estados Unidos y Argentina.

Estados Unidos, que hoy rehusa préstamos y ofrece limosnas a todos los países poco desarrollados, aceptará mañana los bonos fructíferos de la Sede Nacional Argentina, por estar garantizada, ya por títulos argentinos, ya por las ganancias de su intercambio mundial –art. 7- Hoy la situación es muy diferente.

La nación E –Estados Unidos- es exportadora, es decir, quiere exportar su sobreproducción pero no acepta, en cambio, bienes del exterior, porque no los necesita, y pide oro, que el exterior no puede proporcionar.

La nación I –Argentina- es importadora, es decir, quiere importar la sobreproducción de E, que necesita para su desarrollo, pero no posee más bienes para exportar, y ofrece títulos –en moneda nacional- correspondiente a recursos futuros, que Estados Unidos no acepta.

El intercambio de esta sobreproducción de la nación E con los títulos de la nación I, plantea un problema que hoy nadie logra solucionar, y, por lo tanto, el intercambio entre las dos naciones queda limitado a la balanza comercial, es decir, al nivel de la exportación de la nación I –nación pobre-.

Esta limitación hará subir en la nación I el precio de las monedas extranjeras y de todos los productos importados, y por esto, el gobierno de I tiene que controlar el intercambio de bienes y divisas, para asegurar las importaciones vitales del país.

Y también el gobierno de E tiene que intervenir, limitando la producción, para evitar la caída de los precios de sus productos sobreproducidos, de manera que toda la economía mundial queda enredada en el control político de los gobiernos.

La Fundación –como vamos a ilustrar- es la única en el mundo que ofrece la solución del problema, financiando, por medio de la superproducción de los países ricos, a los países que disponen de recursos futuros, pero carecen de capitales.

La política, actuando en la forma que lo ha hecho hasta hoy, no ha podido ni puede solucionar el problema, y enfrenta empíricamente las consecuencias de la actual epidemia económica, que la ciencia no logra vencer.

Mañana, por obra exclusiva y mérito de la Fundación, podrá reducir gradualmente su intervención, hasta llegar a la libertad económica.

En el "esquema de financiación internacional", siguiendo las flechas, vemos que en la nación I, las empresas emiten sus títulos –recursos futuros- que producen, por ejemplo, el 2% calculado en Hallis, y los venden a la Sede Nacional I, en cambio de cheques, con los cuales compran la sobreproducción de E que las empresas de I necesitaban.

La Sede Nacional de I, por ser la nación importadora, tiene que procurarse esos cheques, no queriendo agotar los recibidos de la Sede Central. Por lo tanto, pedirá a la Sede Nacional E dichos cheques, ofreciendo sus bonos I con un interés, por ejemplo, del 1% en Hallis.

La Sede Nacional de E, acepta, por estar llena de cheques que va comprando a los ahorristas de E, en cambio de moneda nacional. Pero tiene que procurarse más moneda nacional para el reembolso de los cheques y por tanto, no pudiendo vender cheques venderá a los ahorristas de E, sus bonos E, con un interés, por ejemplo del ½ %.

Las empresas de I quedan satisfechas por haber obtenido la financiación que buscaban, Los ahorristas de E, también por haber vendido su sobreproducción; y también, en fin, las sedes nacionales de E y de I por haber ganado la diferencia de interés, como cualquier banco.

Nadie ha pedido ni arriesgado nada.

Todos han ganado: la nación E y la nación I, por su participación en las ganancias de las respectivas Sedes Nacionales, y aún más por el respectivo desarrollo de las exportaciones y de las empresas. Y también los productores y los exportadores de E, junto con los importadores y empresarios de I.

La circulación de los bienes como la de los cheques queda cerrada, y puede seguir actuando sin límite, hasta el total agotamiento de la sobreproducción de E.

La Fundación, por lo tanto, ha solucionado el problema de transformar la sobreproducción de unas naciones, en la financiación de otras naciones.

Sin embargo, la solución llega más allá del problema planteado.

En efecto: la sobreproducción no es una cantidad estática; antes bien, cuanto más se produce, tanto más se reduce el costo unitario de producción, y también el precio de venta, lo que intensifica aún más la circulación iniciada, la cual encontrará su limitación solamente en la limitación de la valorización técnica de los recursos futuros de las naciones importadoras, y no más, como hoy ocurre en el mecanismo económico.

Por lo tanto, la Fundación ofrece en firme, y sin competencia con otras medidas de orden económico o político, la verdadera solución económica del problema, de desarrollar las naciones que poseen recursos futuros, pero carecen de capitales.

El trueque de bienes futuros de I, con bienes presentes de E, queda demostrado.

Sin embargo, en el mundo se pueden encontrar varias naciones de tipo E.

Por lo tanto, la Fundación creará la posibilidad, hoy inconcebible de una competencia de las naciones de tipo E entre sí, para vender su sobreproducción a las naciones de tipo I, en cambio de bonos I.

Estas naciones de tipo I aprovecharán dicha competencia para bajar la tasa de interés de sus bonos I, y de reflejo, bajará la tasa de interés de todos los títulos de I.

He aquí un imprevisto efecto económico que propicia la Fundación: la baja de la tasa de interés, en las naciones importadoras.

Hemos considerado, hasta aquí, la financiación de una nación importadora –Argentina- desde el punto de vista internacional; ahora vamos a examinar el mismo fenómeno desde el interior de la nación.

Supongamos, por ejemplo, que Argentina, que tiene recursos hidráulicos muy notables, quiere aprovecharlos, para constituir un centro de industrias electro-químicas, de que hoy carece.

El presupuesto prevé un gasto de instalaciones de las plantas industriales de mil millones de pesos. El estado no tiene estos capitales. Se piensa explotar el ahorro de los ciudadanos. Los legos juzgan el problema perfectamente soluble, porque miran todas las riquezas del país e inculpan al gobierno porque no actúa.

Los banqueros, en cambio, aunque sea empíricamente, se dan cuenta de que el problema no es soluble. En efecto, si la nueva entidad industrial –estatal o particular- ofrece sus títulos –acciones u obligaciones- al público argentino, éste para comprarlos ¿qué tiene que hacer?

Todo el dinero –también lo que fue depositado en Bancos y cajas de ahorro- aparte de lo que sirve para la circulación, fue invertido en bienes raíces, en títulos del estados, de la industria, etcétera, y si alguien quisiera comprar los títulos de la nueva empresa, juzgándola una inversión mejor que las otras, tendría que vender los bienes que posee a otros, que a su vez, para obtener el dinero necesario, tendrán que vender sus bienes a toros, etcétera. ¡Es una cadena sin fin, que se resuelve en una oferta general de venta de bines y títulos, y por consecuencia en una baja nacional de precios y cotizaciones, también de nuestros mismos títulos nuevos!

Por lo tanto los banqueros no aceptan colaborar en esta emisión, y nuestra tentativa no logrará éxito. Los hechos confirman nuestro razonamiento.

Supongamos, ahora, que un gobierno decidido, y con adhesión de todo el pueblo quisiera vencer este obstáculo, por medio de privaciones, por unos años.

Tampoco así el gobierno podría llegar a la solución del problema. Dos obstáculos muy graves dificultan el camino.

Ante todo, el presupuesto demuestra que la nueva industria no puede dar más que, por ejemplo, el 6% del capital, mientras que las inversiones análogas dan, por ejemplo, el 8%. El gobierno tiene que intervenir, ya con subvenciones, ya con exenciones, es decir haciendo pagar a los otros ciudadanos el 2% más, que piden los nuevos suscriptores. Esta extorsión hipócrita del capital es odiosa, aunque sea inevitable en el régimen capitalista.

Sin embargo, el otro obstáculo es más grave: peor aún, terminante.

Los mil millones de pesos del presupuesto de la planta, tienen que gastarse en gran parte, para comprar materiales y máquinas que, generalmente, vienen del extranjero, y que no se pueden comprar por falta de divisas. ¿Qué hacer?

¡Nada! Tenemos que rendirnos. El sueño de transformar aquellas cascadas en fuentes de energía, de hacer surgir ciudades industriales ricas y florecientes, valorizar aquellas tierras y emancipar a Argentina de la importación de productos químicos vitales, este sueño maravilloso fracasa y se desvanece.

La Fundación soluciona el problema en forma simple, inmediata y genial.

La Sede Nacional argentina emite bonos por mil millones de pesos y los vende al extranjero, recibiendo cheques que ofrece en venta a los importadores argentinos, y recibiendo su importe en pesos, que a su vez la Sede Nacional gasta en comprar títulos de bolsa, es decir, dando al mercado, sin inflación, el dinero que faltaba para comprar los nuevos títulos. Todo se reduce a una circulación de dinero, de cheques y de bonos entre Argentina, el exterior y los mercados internos.

Por eso no se necesita nuevo ahorro en el país. Es el ahorro del extranjero que ha ingresado en el país, sin ninguna intervención política.

Los cheques ofrecidos por la Sede Nacional hacen superar, como hemos demostrado ya, el terrible y decisivo obstáculo de la falta de divisas.

En fin: las ganancias que la Sede Nacional realizará por la diferencia del interés entre los títulos comprados y los bonos emitidos, serán devueltas, en gran parte, al Estado –artículo 4- que podrá subvencionar la nueva industria, sin gravar sobre los ciudadanos ni sobre su balance.

¿No parece esto, hoy, un milagro?

Art. 6 – LA MONEDA MUNDIAL. La Sede Central, al iniciarse el funcionamiento de la Fundación, fijará el valor de emisión de la moneda Hallis en un gramo de oro.

Luego cada Sede Nacional fijará la cotización del Hallis en su respectiva moneda nacional, y podrá modificarla cuando y como lo quiera.

La modificación del valor del Hallis, de parte de cada Sede Nacional se dará a conocer en la tarde por la radio, y no podrá superar cada vez el valor de la tasa de registración.

Comentario:

Este artículo es el más asombroso de todo el Estatuto, por su sencillez, en contraste con toda la literatura monetaria mundial, tan compleja y confusa.

El valor inicial del Hallis en un gramo de oro es n asunto meramente nominal, y sirve sólo para la comparación inicial relativa de todas las monedas de las naciones adheridas.

Este valor inicial no constituye ninguna vinculación futura del Hallis con el oro. En efecto, mañana el oro puede subir o bajar de valor sin que el Hallis cambie su cotización en las naciones que no han modificado la cotización recíproca de sus monedas en el mercado mundial.

Y si una de estas naciones tiene todavía su moneda vinculada al oro, tendrá que librarse de esta vinculación, porque no se puede mantener una moneda a un valor igual a dos valores diferentes entre sí.

Las Sedes Nacionales tienen que modificar, cuando lo necesitan, la cotización del Hallis, en su respectiva moneda, si ésta ha modificado su valor en el mercado libre de las divisas.

Si una Sede Nacional no establece oportunamente su cotización del Hallis, notará pronto una excesiva venta o un excesivo reembolso de Símbolos Hallesint, como reacción del mercado de las divisas. Por eso la libertad de las Sedes Nacionales en fijar la cotización del Hallis es completamente ilusoria, pues será el mercado mundial de las divisas el verdadero y único árbitro, el que determinará la cotización.

La moneda Hallis se revela, por lo tanto, como la más perfecta moneda de cuenta, cuya cotización no está bajo la influencia de ninguna política, ni de ninguna coalición financiera, pues quien quisiera modificar su valor, tendría que violentar a todo el mercado mundial, lo que es imposible.

La sencillez de este artículo 6 es debida al Invariado Monetario, piedra angular de la Economía Racional –teoría del Hallesismo- que encuentra su genial aplicación en el artículo 5 del estatuto, donde se dispone la constitución del patrimonio de garantía de los Símbolos Hallesint, y por lo tanto de la moneda Hallis.

Este patrimonio de garantía, garantiza inicialmente al 100% de los Símbolos Hallesint –cheques y bonos-. Sucesivamente esta garantía crece por la acumulación de los intereses compuestos, que compensan y superan las eventuales devaluaciones, además de los provechos de la gestión mercantil –art. 7-.

La garantía de la moneda Hallis es real y no ilusoria e hipócrita como la garantía de las reservas monetarias en oro.

En efecto, cuando en una nación la moneda baja en su poder de compra, los portadores del papel-moneda corren a aprovechar aquella garantía; pero encuentran la ventanilla cerrada, mientras el gobierno, ante todo delibera sobre el curso forzoso, y sucesivamente fija el nuevo valor de la moneda.

Todos los gobiernos han hecho siempre así. Ahora bien ¿existe una garantía más ilusoria y más engañosa?

En cambio, si una sede nacional quebrara –art. 8- el poseedor de cheques Hallesint podría cobrar su dinero en cualquier otra nación sin encontrar ninguna pérdida ¿Existe o ha existido nunca otra moneda tan garantizada?

La moneda Hallis, constituye la unidad del valor.

La búsqueda del valor, ha sido el blanco de todos los economistas; pero todos, considerando las enormes fallas de las monedas nacionales, han buscado esa unidad del valor, ya en objetos materiales –oro y otros metales- ya en números abstractos, obtenidos por medio de cálculos.

El fracaso, como todos sabemos, ha sido total.

En realidad, las monedas nacionales ofrecen una primera síntesis del valor, que sería absurdo menospreciar, cuando, por ejemplo, la libra esterlina, -antes, y el dólar –después- han sido considerados, casi, como monedas estables mundiales.

Una mezcla oportuna de las mejores monedas del mundo –por ejemplo: 100 dólares, 30 libras, 20 francos, etcétera – podría dar la ilusión de mayor firmeza, mas la Economía Racional interviene, y prevé el fracaso de éstas, como de cualquier moneda compuesta.

Este fracaso es debido a dos causas:

a- La perenne devaluación de todas las monedas –Invariado Monetario-.

b- La incertidumbre, antes bien, la imposibilidad de encontrar la unánime adhesión sobre la fórmula, la composición y la dosificación de estas monedas nacionales.

La moneda Hallis soluciona estos dos problemas en la forma más elegante. En efecto:

a- La perenne devaluación, como lo demuestra la Economía Racional, tiene su causa, y al mismo tiempo su compensación en el interés, y por lo tanto, si consideramos también los intereses –es decir: nos referimos a títulos en cambio de monedas- art.5 – se opera, como hemos visto, una compensación y la primera dificultad queda superada.

b- La segunda dificultad queda eliminada si en cambio de convenios o de cálculos, nos referimos al mercado, que cuando es libre, es casi infalible.

No se diga que los gobiernos pueden violentar el mercado. Es una locura. Si un gobierno establece que una lira vale un dólar, y hace sin límite ese cambio, es claro que él obedece al mercado, y no lo violenta.

Pero si cambia sólo los dólares con libras y no al revés, el gobierno no violenta al merado sino a los ciudadanos, con un impuesto hipócrita y nada más: y la trampa es evidente.

La moneda Hallis, que congloba el presente y el futuro previsible de todas las monedas, y que acepta, en paridad, cambios directos e inversos con cada moneda nacional, a la vez que se eleva sobre el fracaso de todas las tentativas anteriores, constituye la moneda mundial, la unidad del valor.

Alguien sospechará que Estados Unidos, cuya potencia monetaria es enorme, y que tiene en su poder la mayor parte del oro del mundo, podría violentar el merado y el valor del Hallis.

Este temor tiene su raíz en la ignorancia monetaria. Es verdad que Estados Unidos ha fijado el valor del dólar en una cantidad de oro, y no ha modificado esta relación desde muchos años. Eso ha creado la convicción de que Estados Unidos ha fijado el valor del dólar.

¡Sin embargo, nada es más tonto!

El dólar, sin pedir ningún permiso al gobierno, ha perdido en pocos años, la mitad de su valor, y sigue perdiéndolo. Todas las amas de casa pueden atestiguarlo.

Tampoco Estados Unidos ha fijado el valor del oro: en efecto el oro no se puede exportar de Estados Unidos y el valor convencional del oro, frente al dólar en Estados Unidos no tiene relación alguna, con el valor real del dólar.

Por lo tanto, tal como el dólar ha perdido su poder de compra, frente al mercado, asimismo lo habría perdido frente al Hallis, cuyo valor en cambio, habría quedado firme, en el mercado mundial, desafiando cualquier orden de los presidentes de los Estados Unidos.

La moneda Hallis no será acuñada, y por lo tanto, según la mentalidad corriente, no tendrá una existencia real.

La demostración de que esta afirmación es equivocada, antes bien carente de todo sentido, no presenta interés y es preferible evitarla. Sin embargo, todos tendrán que reconocer la existencia real del cheque Hallesint, expresado en moneda Hallis.

Este cheque podrá estar constituido por un rectángulo de papel –inimitable como la esterlina y el dólar- que lleve impreso el nombre de la Fundación Universal Hallesint en inglés, francés, español, italiano, ruso y chino, y además la indicación del valor, por ejemplo, "1.000 Hallis" en caracteres latinos, rusos, chinos, y nada más.

Claro está que en esta forma el cheque Hallesint se manifiesta como moneda, sin curso legal, pero aceptada por todos.

El bono Hallesint será idéntico al cheque Hallesint, pero tendrá que llevar el nombre y la bandera del país que lo ha emitido, mientras su precio de venta y reembolso –en Hallis- será mayor del valor nominal y creciente, según las decisiones de la Sede Nacional respectiva.

Los cheques y los bonos llevarán las indicaciones de serie, fecha, números progresivos, etcétera para su identificación.

La Sede Central tiene a su cargo la emisión de los cheques y de los bonos; sin embargo la impresión del nombre y la bandera del país que emite los bonos tendrá que reservarse a dicho país para garantía y control.

La falsificación de los cheques y bonos será prácticamente irrealizable, como ahora ocurre con el dólar y la libra; y algo más tenemos que observar: la circulación de los cheques y bonos se desarrolla, en general, entre Sedes Nacionales y Bancos de alta jerarquía, y eso obstaculiza la falsificación que requiere un público poco experimentado.

Y en fin, en caso de guerra, la Sede Central y su casa de moneda tendrán que ser respetadas, no sólo por disposición del Estatuto y por razones morales –como fue recientemente el Vaticano- sino por razones egoísticas, porque la nación victoriosa dañando el crédito de los símbolos Hallesint, haría algo muy perjudicial a sus mismos ciudadanos.

Cada variación del valor del Hallis, establecida por la Sede Nacional no tiene que superar la tasa de registración para impedir a los especuladores comprar o vender cheques Hallesint en la víspera de la variación, para aprovechar al día siguiente dicha variación en el valor del Hallis.

Art. 7 – ORGANIZACIÓN MERCANTIL. Cada Sede Nacional en su territorio:

1º - Establecerá, en la forma que estime más conveniente, pero en base a un Reglamento Unificado para Todos, el mayor número posible de Halles o sea Mercados de Remates, donde se venden y se compran productos de intercambio internacional.

Los Halles estarán abiertos a todo individuo de cualquier nación.

2º - Nombrará en la forma que estime más conveniente, pero en base a un Reglamento Unificado para Todos, los Funcionarios Hallesint, relacionados entre sí, y con todas las Sedes Nacionales.

Los Funcionarios Hallesint ejercen el servicio comisionista por cuenta de cualquier individuo de cualquier nación, utilizando la organización de los Halles nacionales y extranjeros. Sus retribuciones serán en forma de porcentaje, ajustándose a tarifas establecidas por la Sede Central, uniformes para todas.

3º - Cobrará, por cuenta de la Fundación un porcentaje sobre las operaciones que en su territorio efectúen los Halles y sus funcionarios, en la medida, que establezca la Sede Central, con un Reglamento Unificado para Todos.

Todos los ingresos de la organización mercantil serán invertidos, por cada Sede Nacional en títulos nacionales, además de oportunas reservas.

Comentario:

La organización mercantil Hallesint, en cada nación actúa en libre competencia, sin privilegios ni monopolios.

Los Halles, que hoy existen, no sólo en París sino en muchas otras ciudades no se pueden desarrollar en forma internacional, por la casi imposibilidad actual, ya de hacer llegar sin pérdidas ni trabas a los Halles el dinero de los compradores extranjeros, ya de remitir fácil e íntegramente a los expeditotes extranjeros el precio cobrado por la venta, además de todos los otros obstáculos que hoy dificultan el tráfico internacional.

Pero todos entienden, y la Economía Racional demuestra en forma terminante, que esta imposibilidad de desarrollar el intercambio mundial es provocada directa e indirectamente por la actual situación monetaria; y por lo tanto la Fundación, que posee y ofrece al mundo la moneda universal, supera cada barrera y vence cualquier obstáculo, realizando la unificación del comercio, sin necesidad de medidas especiales.

La concepción de los funcionarios Hallesint es revolucionaria en el campo comercial. Hay ejemplos similares pero en otros sectores, como los Comisionistas de Bolsa. Hay también entidades comisionistas; hay cooperativas de compra y venta, etcétera, mas ni siquiera en los aislados mercados nacionales hay nada comparable a los funcionarios Hallesint.

La actividad de los funcionarios Hallesint es múltiple, antes bien, universal, para todas las mercaderías definidas y aceptadas en el intercambio de los Halles.

Sin embargo, esta actividad es unificada, porque la transferencia de los bienes se hace por medio de contratos unificados, cuya redacción hoy está ya iniciada, aún más, adelantada por muchas mercaderías del intercambio mundial –carbón, trigo, café, petróleo, hierro, etc.- y que los Halles extenderán a todas.

El contrato-tipo, es decir, unificado, se refiere a los controles de calidad, de cantidad, al embalaje, al flete, con todos los medios de transportes y almacenaje; al seguro, a las tasas y aranceles aduaneros, etc. y ya que se trata de una masa enorme de transferencias, se podrán instituir precios a forfait, acumulativos etc, que simplificarán al cálculo de los gastos de cada operación y permitirán la inmediata comparación recíproca de las ofertas y de los pedidos de manera que se podrá establecer de inmediato, en qué Halles del mundo convenga en un momento dado comprar o vender, tomando en cuenta las cotizaciones de cada mercado y los gastos de transferencia unificados y relativos al mercado donde se actúa.

Hoy ningún exportador piensa hacer este cálculo en forma racional y universal, porque tendría que establecer agencias en todo el mundo, lo que, en cambio, la Fundación, y sólo ella, puede hacer y también en la forma más simple y económica.

La complejidad del actual intercambio, sus riesgos, sus oscilaciones sincronizadas por los acontecimientos políticos, etcétera, requieren a favor de los actuales importadores y exportadores, compensaciones muy elevadas, que cargan en medida excesiva el costo de los intercambios con todas las consecuencias que hemos ya mencionado.

El nombramiento de los funcionarios Hallesint transforma al comerciante actual en un funcionario, sin burocracia, el cual es copartícipe en la buena suerte de las operaciones, por estar sus ganancias sujetas al éxito de ellas y proporcionales al importe de esas operaciones.

Cada Sede Nacional cobrará un porcentaje sobre las operaciones de los Halles y de los funcionarios en su territorio.

La medida de este porcentaje, naturalmente mayor que los gastos de ejercicio de los Halles, y que la Sede Central establecerá con uniformidad para todas las Sedes Nacionales, tendrá que bajar hacia cero, cuando la Fundación se desarrolle en todo el mundo y los ingresos lleguen a valores muy elevados.

Esta actividad fue la que dio la primera idea de la Fundación al genovés A.M.Trucco, fundador del Hallesismo.

Art. 8 – ADMINISTRACIÓN Y BALANCES. Cada Sede Nacional tendrá dos gestiones separadas: la de la actividad Financiera y la de la Mercantil: es decir de la circulación de los cheques y bonos de un lado, y de los Halles y Funcionarios de otro lado.

Sin embargo, confeccionará una sola situación mensual y al final del año un balance anual donde:

El activo estará representado esencialmente por el valor de bolsa, calculado en Hallis, de la masa de títulos –nacionales, Hallesint y monedas- es decir del Patrimonio de Garantía.

El pasivo estará representado esencialmente por el importe de los símbolos Hallesint emitidos por aquella Sede Nacional, hasta la fecha; calculando, en Hallis: los cheques al valor nominal y los bonos al valor del día.

Cada Sede Nacional dejará a disposición de la Sede Central el saldo de su balance anual. Este saldo, además de las cuotas referentes, a la contribución en los gastos de la Sede Central, a las deudas con los suscriptores del Fondo de Dotación y con el Instituto de Renovación Económica –art. 3- y, en fin, de una adecuada reserva, será devuelta, por medio de la Sede Central, a los gobiernos de las naciones respectivas, que cobrarán bajo el rubro de "Hacienda de la Pobreza".

Si una Sede Nacional cierra una ventanilla es declarada en quiebra. En este caso los portadores de cheques pedirán su valor en las otras sedes.

Los portadores de bonos de aquella sede en cambio pedirán la repartición entre ellos del patrimonio de garantía, y de las utilidades de la gestión mercantil hasta el total reembolso de los bonos.

Cuando los portadores de los bonos hayan sido completamente reembolsados la Sede Nacional reanudará su gestión financiera.

Todos los datos de contabilidad serán difundidos con prontitud y con la más amplia publicidad, y serán expresados en Hallis.

Comentario:

Las cláusulas del artículo 8 no necesitan comentario por su sencillez y claridad.

Sin embargo, conviene destacar el caso, aunque muy improbable, de quiebra de una Sede Nacional.

Este caso, previsto por el estatuto, mientras obliga a los portadores de los bonos –en la peor hipótesis- a esperar su saldo dentro de un cierto tiempo, recarga el reembolso de los cheques emitidos por la Sede Nacional en quiebra, sobre todas las otras Sedes Nacionales, en su conjunto.

La Fundación, frente a este reembolso, actúa como una Mutual de Seguros.

Esto tiene una justificación económica, pues la quiebra de una Sede Nacional, corresponde a una crisis de aquella nación, y en particular, a una excepcional devaluación monetaria.

Si esta crisis fuera debida a la mala suerte, catástrofes, o inconvenientes ajenos a la voluntad y correctos procederes de aquella nación, la solidaridad humana impone la intervención de las otras Sedes Nacionales y la Fundación realiza, automáticamente, esta intervención.

Si, en cambio, la crisis es debida a errores de aquel gobierno, además de la solidaridad humana, que también en este caso se podría invocar, es muy probable que las pérdidas de aquella nación hayan provocado ganancias en las otras naciones, y eso justificaría el cargo sobre ellas.

En lo que se refiere al daño eventual de los portadores de bonos, observemos que no se trata de ninguna pérdida, sino de una simple demora del reembolso total, que estará a cargo del patrimonio de garantía y de las utilidades futuras de la gestión mercantil.

En efecto, el patrimonio de garantía que la nación en quiebra va a vender para el reembolso de los bonos, comprende también los títulos comprados con los ingresos de la venta de los cheques, y, además las reservas y por lo tanto, el total de la liquidación del patrimonio de garantía, podrá acaso reembolsar todos los bonos y dejar un saldo activo, que, naturalmente, sería devuelto a la Sede Central, aliviano en algo las contribuciones a su costa, de parte de las Sedes Nacionales, en concepto de compensar el gravamen que las Sedes Nacionales hubieran sufrido por el reembolso de los cheques de la Sede Nacional en quiebra.

No olvidemos, además, el principio del Invariado Monetario, que afirma la compensación, en el tiempo, del interés con la devaluación, y por lo tanto, todos los portadores de cualquier título fructífero –y tales son los bonos también- tienen que estar preparados a afrontar pérdidas.

En nuestro caso, el daño eventual de los portadores de los bonos no sería más que una demora, y, repetimos, no sería nunca jamás una pérdida.

El caso de quiebra de todas las Sedes Nacionales no es considerado por su absoluta imposibilidad.

En efecto, nadie puede imaginar contingencias mundiales de tal naturaleza, como para hacer preferir la moneda nacional a la moneda internacional, y las inversiones nacionales, a las mundiales.

Sin embargo, en esta absurda hipótesis, las Sedes Nacionales automáticamente aplicarían una medida drástica y terminante en su defensa.

En efecto, todas reducirían el valor del Hallis –en moneda nacional- en medida tal que desalentara a los vendedores que quisieran pedir precipitadamente el reembolso de sus símbolos, atrayendo en cambio nuevos compradores, restableciendo así el equilibrio entre las ventas y el reembolso.

Por lo tanto, la quiebra de la Fundación se manifiesta mecánicamente como imposible, además de ser inconcebible para quien haya entendido perfectamente su función económica.

Los ocho artículos del estatuto definen rigurosamente la actividad de la Fundación, y demuestran que no existe, ni ha existido nunca, ninguna institución semejante, por su estructura o por sus finalidades.

Sin embargo, mientras el análisis detenido, que hemos hecho, demuestra que nada excepcional contiene el mecanismo de la Fundación, con todo, no es posible definir a la Fundación con pocas palabras, ya que ella es al mismo tiempo:

a- Instituto de emisión de la moneda mundial.

b- Clearing de todas las monedas nacionales.

c- Compradora de las sobreproducciones.

d- Financiadota de los recursos futuros.

e- Mercado mundial de bienes presentes.

f- Bolsa mundial de los títulos fructíferos.

g- Comisionista del intercambio mundial.

h- Cámara del comercio mundial.

Así de múltiples, en su maravillosa sencillez, es la Fundación.

Otros aspectos y otros alcances ofrece la Fundación, ya sea directamente por su estructura, ya sea indirectamente por las consecuencias benéficas, económicas y sociales de su actividad; sin embargo, algo sorpresivo vamos a encontrar, si consideramos la Fundación como un seguro.

Bajo este aspecto, la Fundación no se presenta en forma dinámica con su poder creador fecundo y benéfico, sino como un ancla, que enclavada en el fondo del mar, asegura la firmeza del barco, en medio de la tormenta.

La reacción de aquella masa inerte, representa la salvación del barco y de los tripulantes, y aquel hierro, sin vida y sin valor, salva muchas vidas y muchos caudales.

Para encarar la Fundación como un seguro, tenemos que considerar, ante todo, las monedas nacionales como seguros.

Por ejemplo: el industrial , que ha producido una cantidad de cobre, vende primeramente lo que necesita, para proveer a sus gastos, y además, vende también el resto del cobre, en lugar de almacenarlo, como ahorro.

Esta última venta la realiza para obtener igual valor, pero en dinero, porque a igualdad de valor, el dinero ofrece mayor facilidad en los negocios.

Esta mayor facilidad se debe a que el dinero mantiene o tendría que mantener un valor menor oscilante que el cobre, por estar el dinero relacionado con todos los valores de las otras mercaderías.

El dinero, bajo forma de monedas nacionales, se revela, por lo tanto, como póliza de seguro del valor de todos los bienes.

Ahora, la Fundación ofrece, a su vez, libremente, la moneda Hallis, que actúa frente a las monedas nacionales, como cada moneda nacional actúa frente a las diversas mercaderías.

Por lo tanto la moneda Hallis es una póliza de seguro de seguros.

La superioridad del dinero sobre los toros objetos de cambio se revela, día a día, en cualquier negocio.

En efecto todos podemos notar que quien recibe el dinero, en general, da las gracias, aunque se trate de cambios libres, en los cuales haya perfecta igualdad de valor: entre la mercadería o los servicios por un lado y el dinero por el otro.

Quien paga, toma –aunque sin quererlo- la actitud de un dueño.

En fin, un hombre rico en dinero se considera más poderoso, útil o peligroso, que otro hombre, que posea un patrimonio igual, pero en bienes raíces.

Se habla del dinero como de un arma de dominio, y se llega a dar al oro, símbolo del dinero, un poderío casi místico, considerando como privilegiada una nación que produzca oro, frente a otras naciones que produzcan bienes de otra naturaleza, pero de igual valor comercial.

Este hechizo del dinero, aunque en forma equivocada, tiene su raíz en su valor asegurado que le otorga jerarquía, exactamente como un barco asegurado, que vale mucho más que un barco igual pero no asegurado.

La firmeza de una póliza de seguro de seguros es naturalmente mayor que la firmeza de cada seguro que la compone, esto es, la moneda Hallis será más aceptable que cada moneda nacional.

Es aquí que empezamos a encontrar aquel algo sorpresivo de que hemos hablado.

En efecto, la aceptación de una póliza de seguro es una acción voluntaria, que cada asegurado hace a su albedrío, cuando está convencido, por sí mismo de que las primas del seguro, corresponden al riesgo que el seguro quiere enfrentar y compensar.

Por eso se trata de valuar riesgos y esta valuación es subjetiva y arbitraria.

La oferta de la Fundación que a nosotros nos parece conveniente, antes bien muy favorable, podría, en cambio, resultar inconveniente y peligrosa, al parecer de los asegurados, que en el caso de la Fundación, son los pueblos, y, en representación de ellos, los gobiernos.

Es decir, que todos los esfuerzos que podemos hacer para demostrar la conveniencia de la oferta de la Fundación, se encuentran en peligro de fallar, frente a la oposición, aunque ilógica o torpe, de los gobiernos.

La gravedad de esta objeción es enorme, y nos abruma desde el primer momento en que presentamos la Fundación, hasta después de haber dado de ella toda su justificación.

Lo que todos repiten, para disimular la desidia y el miedo de reflexionar, es la pregunta: pero ¿si los gobiernos no aceptan?

A esta pregunta contesta en forma concreta el estatuto, con sus ofertas de ventajas, utilidades y ganancias, que sería locura imaginar que pueblos y gobiernos pudieran rehusar; y contesta en forma científica, la Economía Racional, que ha sido elaborada para dar justamente la base científica a la Fundación Hallesint.

Sin embargo no todos entienden pronto el alcance del estatuto, ni todos están dispuestos a estudiar la Economía Racional y el Invariado Monetario que ella demuestra, y por lo tanto, tenemos que defendernos en otra forma.

El análisis, que vamos a hacer, nos permitirá contestar en forma radical y terminante.

Preguntémonos:

¿Cómo se puede convencer a alguien para que acepte firmar una póliza de seguro?

Todos, en verdad, aprecian las ventajas de los seguros, y, por lo tanto, si no se deciden a tomarlos, es porque encuentran demasiado caras las primas de la póliza.

¡Entonces, tenemos que bajar estas primas!

Pero, si el presunto asegurado, aunque fuera de mala fe ¿encontrara siempre cara cualquier prima?

En este caso, para vencer toda negativa, hay una solución radical:

¡Renunciar a cualquier prima, y regalar nuestra póliza!

¡El presunto asegurado tendría que rendirse!

Ahora bien, la Fundación, considerada como entidad aseguradora, regala su póliza, y por lo tanto, nadie puede rehusar su oferta.

La Fundación no cobra, a nadie, ninguna prima para asegurar las monedas nacionales. El seguro que ofrece la Fundación no cuesta nada, ni directa ni indirectamente, ni a los gobiernos ni a los pueblos, ni los gobiernos tienen que contribuir en fondos monetarios internacionales, ni tienen que sepultar toneles de oro en los sótanos, como garantía: ¡nada, nada, nada!

En realidad los gobiernos no pagan nada, porque los pueblos han pagado, y pagan todavía, las primas de seguro, bajo forma de interés al capital.

La demostración de esta verdad se encuentra en la Economía Racional –Invariado Monetario-, sin embargo, el estatuto de la Fundación –art.5- explota esta verdad sin justificación, dando a los Símbolos Hallesint, -cheques y bonos-, expresados en moneda Hallis, la estabilidad en su poder de compra –seguro del valor- aprovechando los réditos de los títulos nacionales, comprados por las Sedes Nacionales.

Estos réditos representan las Primas Anuales, que la Fundación cobra en cambio del seguro que ella garantiza.

Además, seguimos encontrando, en esta operación, otro aspecto, no menos interesante, de nuestro algo sorpresivo.

La Fundación, que actúa en forma automática, después de lograr su estabilidad mecánica, es decir, su actividad asegurativa, se encuentra con ciertas ganancias; ¡pero estas ganancias la Fundación no las merece!

Son ganancias ya directas, por el hecho de que el rédito de los títulos es mayor de lo que se necesita aportar, para compensar las eventuales devaluaciones monetarias –art.5- ya indirectas, por el provecho debido a las actividades mercantiles –art.7- que la estabilidad monetaria ha hecho posibles.

Estas ganancias, que, repetimos, la Fundación no merece, porque nada ha invertido y nada ha arriesgado, ella ni siquiera puede cobrarlas, porque nada posee y nada puede poseer, como ocurre con la Unión Postal Universal, y por lo tanto, art.4- se devuelven a cada nación –Hacienda de la Pobreza-.

Por esto, los gobiernos, no sólo no pagan nada, en concepto de primas de seguro sino que cobran algo confirmando en forma irreprensible, que los intereses que hoy se pagan al capital, son demasiado altos y tienen que reducirse, entregando esta plus valía a la empresa, para que la devuelva al trabajo.

¿No es sorpresivo todo esto?

Sin embargo se encuentran algunos opositores, que preguntan en forma muy insidiosa: "todo eso representa las ventajas y las ganancias, pero ¿quién puede excluir que los gobiernos adheridos, mañana, se encuentren frente a deberes imprevistos, riesgos, peligros?

La contestación a esta pregunta constituye el golpe final y terminante de nuestro algo sorpresivo.

La expresión: gobiernos adheridos, nos lleva, en verdad, hacia un camino equivocado.

El artículo 4 dice, en forma muy clara, que la adhesión de los gobiernos consiste en la concesión, para que las Sedes Nacionales puedan actuar en el respectivo territorio, sin privilegio alguno, y sin que los gobiernos tengan que modificar las leyes existentes o las leyes que mañana quisieran promulgar.

Las Sedes Nacionales, por lo tanto, actúan como hoy actúan las agencias de las entidades internacionales, y además, quedan bajo el control directo de los gobiernos mientras estos no tienen vinculaciones ni obligaciones jurídicas hacia nadie ni siquiera en el caso muy probable de que, sin responsabilidad, tomen a su cargo la gestión de la Sede Nacional respectiva.

En fin, cabe notar que los gobiernos no sólo cobran todas las ganancias, sino que no han de esperarlas de afuera, porque ¡dichas ganancias se encuentran ya en las mismas Sedes Nacionales!

¿No teníamos razón afirmando que había algo sorpresivo?

Para realizar la Fundación, no se necesita la adhesión de todos los Gobiernos, sino el permiso de actuar, en Naciones que tienen economías complementarias.

En este momento, la situación mundial aconseja que sea Argentina, quien tome la iniciativa, pidiendo la adhesión de todas las naciones, orientales y occidentales, beligerantes y neutrales, comunistas o capitalistas y en manera particular de las naciones sudamericanas y europeas.

Si Argentina aceptar tomar esta iniciativa, merecería la gratitud y el reconocimiento de todos los pueblos.


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